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Los libros de texto sobre gestión de proyectos tienen mucho que decir sobre cómo evitar el fracaso de un proyecto. Pero, ¿cuál es nuestra responsabilidad con nuestros equipos (¡y con nosotros mismos!) cuando un proyecto simplemente se cancela por razones fuera de nuestro control? ¿Qué deberíamos decirle a nuestro equipo? ¿Qué deberíamos hacer, en un sentido táctico?

Al principio de mi carrera, tuve un proyecto web que se desvaneció una semana antes del lanzamiento. Nuestro cliente—un ministerio gubernamental regional—fue disuelto de la noche a la mañana, sin previo aviso. No había nada que pudiéramos haber hecho para evitarlo, así que nos reímos del asunto como equipo y seguimos adelante. Pero, durante los meses siguientes, todo el equipo estuvo desmotivado, abatido y desinflado.

Al reflexionar, me di cuenta de que el trabajo en proyectos lleva asociadas muchas emociones. Los proyectos son una oportunidad de tener un impacto, fortalecer tu portafolio, brillar ante tus colegas y buscar ese ascenso.

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Así que cuando un proyecto no llega a buen término, no solo deja a tu equipo en el banquillo, sino que también interrumpe la visión que tenían de su futuro. Y eso puede ser un duro golpe para la moral del equipo.

El buen liderazgo de proyectos también significa mostrar liderazgo entre proyectos, especialmente cuando uno termina bruscamente. Al hacerlo, los gestores de proyecto pueden suavizar el golpe en el compromiso y la productividad de modo que los equipos recuperen antes su alto rendimiento.

Aquí tienes tres ejemplos de cómo liderar entre proyectos cuando uno termina de forma repentina:

1. Haz mini retros 1:1

Encuentra el tiempo para conversar individualmente con los miembros del equipo para saber cómo se sienten respecto al proyecto cancelado y pregunta si necesitan apoyo. No tiene que ser una reunión formal, puede ser solo una charla de 10 minutos o un café rápido.

2. Transfiere los objetivos del equipo a futuros proyectos

Pide al equipo que escriba lo que esperaba lograr en el proyecto que fue cancelado. Luego crea un tablero que todos puedan ver o consultar como recordatorio de lo que aspiran a conseguir en su próximo proyecto.

3. Redirige el impulso con un propósito

A nadie le gusta ser arrancado de un proyecto y lanzado a trabajos aburridos o módulos de formación tediosos. Siempre que sea posible, tómate el tiempo de entender en qué están interesados los miembros del equipo y trata de usar tu influencia para que eso ocurra. Convierte el tiempo en el banquillo en un auténtico crecimiento.

¿Qué sigue?

Muy bien, puede que estés pensando que ninguna de estas cosas son responsabilidad del gestor de proyectos, y tienes razón.

Pero aquí va el asunto: esos miembros del equipo recordarán cómo convertiste una mala situación en algo un poco mejor. Y esa lealtad te dará un empuje adicional cuando vuelvan a trabajar contigo.

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