Mira, no estoy aquí para endulzarlo ni para darte el típico discurso de LinkedIn sobre inteligencia emocional y habilidades blandas. Estás leyendo esto porque ya has pasado (o estás pasando) por el tormento con los “stakeholders” de tu proyecto.
Ya sea que estés ahogándote en dramas de stakeholders o simplemente intentando evitarlos, estoy aquí para validar lo que has vivido, ayudarte a dejar de engañarte a ti mismo y darte algunos enfoques para:
- Identificar stakeholders difíciles antes de que se conviertan en un problema
- Personalizar tus enfoques y métodos para gestionar estos stakeholders
- Ganar respeto (y todos esos billetes) por lo increíble que eres gestionando stakeholders
- Salir del noveno círculo del infierno de los stakeholders
Y si te preguntas, “¿Por qué TÚ estás hablando de esto?”—déjame contarte. Yo también he pasado por ese tormento. No siempre hago todo perfecto, pero he aprendido una que otra cosa y quiero compartirla contigo.
Así que súbete los pantalones cortos y vamos a averiguar cómo mantener tu proyecto en marcha, a tu equipo contento y tu puesto seguro.
7 Tipos de Stakeholders (Y Cómo Gestionarlos)
Antes de poder lidiar con stakeholders difíciles, necesitas saber con quién estás tratando. La mayoría te pondrá a prueba la paciencia, pero hay algunos buenos que realmente te ayudarán a avanzar hacia los objetivos del proyecto.
Pero gestionar stakeholders no es igual para todos. A veces, tienes que ponerte firme y hacer que la gente rinda cuentas con un enfoque directo y sin rodeos. Otras veces, una actitud más suave y diplomática te llevará más lejos. Y la mayoría del tiempo, navegarás en medio—manteniéndote asertivo pero sin llegar a la confrontación total.
Aquí tienes los arquetipos de stakeholders más comunes (y agotadores) con los que te cruzarás. Para cada uno de ellos, también te daré tres guiones para gestionarlos:
- La opción contundente para cuando necesitas imponerte
- La alternativa más suave y colaborativa, ideal para calmar las aguas
- La respuesta equilibrada—segura, clara, y en el punto justo
1. La Reina del Chisme

La Reina del Chisme adora un secreto, pero es incapaz de guardarlo. La identificarás en la primera semana—probablemente porque al principio será tu mejor aliada, hasta que te des cuenta de que juega en ambos bandos. Úsala para difundir mensajes estratégicos, pero nunca le cuentes nada que no quieras que se repita. Algo así como la famosa "momager" Kris Jenner—metida en todos los asuntos, creando más problemas que soluciones y usando la información como un arma maestra.
Cómo Gestionarla
Limita la información sensible. Da por hecho que todo lo que compartas se va a saber. Mantenla bajo una estricta política de “solo lo necesario”.
- “Esta información es confidencial. Si se divulga, descarrilará el proyecto.”
- “Esperemos antes de compartir esto hasta que tengamos los detalles finalizados.”
- “Te iré actualizando a medida que se concreten las cosas. Por ahora, mantengámonos en los detalles confirmados.”
Aprovecha sus fortalezas. Si va a hablar, asegúrate de que difunda tu mensaje. Dale actualizaciones estratégicas que quieres que circule.
- “Este es el mensaje que necesitamos difundir—asegúrate de que todos lo escuchen exactamente así.”
- “Esto podría ser un gran cambio para el equipo—¿cuál es la mejor manera de presentar esta actualización?”
- “Esa es una perspectiva interesante—¿cómo crees que reaccionarán los demás?”
2. El Cuello de Botella

El Cuello de Botella está perpetuamente “en otra reunión” o “atendiendo una prioridad crítica”. El equipo avanza sin su aporte—solo para que aparezca después y exija rehacer el trabajo. Si no se gestiona adecuadamente, ralentizará todo. Piensa en Bill Lumbergh de Office Space: siempre demasiado ocupado para tomar decisiones, pero nunca tan ocupado como para descarrilar tu progreso—con café en mano y comentarios vagos listos para darte.
"El cuello de botella" en acción
Una vez, durante un taller presencial de descubrimiento de tres días, tuvimos uno de esos clásicos momentos de “¿qué acaba de pasar?”. El participante más importante—el CEO, quien se suponía que iba a definir la visión para todo el proyecto—desapareció. Y no por una razón real. Justo antes de desaparecer, le preguntó a nuestro responsable de crecimiento qué coche conducía, como si eso importara. Y luego se fue, dejándome frente a 20 asistentes confundidos, sin dirección y sin forma de avanzar.
Como si eso no fuera suficiente, más tarde nos enteramos de que durante esos tres días estaba en medio de la venta de la empresa. Eso sí que fue ocultar la noticia principal. El cambio de propiedad hizo que el proyecto fuera caótico durante toda su duración, ya que el nuevo liderazgo trajo prioridades cambiantes y objetivos poco claros, agravando el daño provocado por la desaparición del CEO. Mirando atrás, fue un caso de manual de Cuello de Botella. Tenía la autoridad e influencia para dirigir el barco, pero desapareció cuando más importaba, dejándonos adivinando y parchando las cosas por nuestra cuenta.
¿La lección? Siempre aclara funciones y responsabilidades de antemano, especialmente con los Cuellos de Botella, y ten un plan para cuando inevitablemente desaparezcan. Porque si algo les encanta a estos participantes, es la imprevisibilidad.
Cómo tratar con ellos
Establece expectativas desde el principio. Haz que los plazos sean explícitos y documenta los acuerdos.
- “No podemos avanzar sin tu aporte. Responde antes del [fecha específica], o escalaremos el tema.”
- “Necesitamos tus comentarios antes del [fecha específica] para que todo siga en orden—¿te parece bien?”
- “Tu aporte es fundamental aquí. ¿Cuál es el mejor momento para que podamos hablar?”
Pide un sustituto o establece contingencias. Si no están disponibles, otra persona debe intervenir.
- “Si no tienes tiempo, asigna a alguien que pueda darnos lo que necesitamos. No responder no es una opción.”
- “Si no estás disponible, ¿hay alguien más en tu equipo que pueda aportar?”
- “Si no recibimos respuesta antes del [fecha específica], avanzaremos con [decisión alternativa]. Avísanos si te parece.”
3. El agrio-dulce

El agrio-dulce será encantador en las reuniones, pero rápido para escribirle a alguien en Slack criticando tu proyecto. Asentirán con entusiasmo en un taller y luego le susurrarán a la dirección que todo debería cancelarse. Es energía tipo Blair Waldorf de Gossip Girl: encantador y colaborador en la superficie, conspirador entre bambalinas. Mantén un registro de sus comunicaciones, documenta las conversaciones y anticípate a sus relatos antes de que se descontrolen.
Cómo tratar con ellos
Hazles responsables. Documenta las conversaciones y confirma los puntos de acción por escrito.
- “Tú eres responsable de comunicar esto. Si no se hace, recae sobre ti.”
- “¿Puedes confirmar que vas a compartir esto con el grupo antes del [fecha específica]?”
- “¡Gracias por hablar de esto antes! Aquí va un resumen rápido para asegurarnos de que estamos alineados.”
Fomenta la transparencia. Señala las conversaciones paralelas y dirige los comentarios a los canales adecuados.
- “Estoy al tanto de que ha habido malentendidos. La próxima vez, trae tus comentarios directamente conmigo.”
- “Si existen comentarios o inquietudes, me encantaría escucharlos directamente para poder abordarlos.”
- “Aclaramos puntos en común para que todos estemos alineados de aquí en adelante.”
4. El amenazado

El Amenazado siempre lo toma como si estuvieras invadiendo su territorio. Te evitará, te socavará o hará jugadas de poder acaparando información. Piensa en Dwight Schrute de The Office: intentando constantemente imponer su dominio, socavando a los demás cuando se siente inseguro y convencido de que debería estar a cargo. Construye la confianza cuidadosamente, demuestra que no eres una amenaza y, si eso no funciona, busca maneras de trabajar a su alrededor.
Cómo manejarles
Constrúye confianza. Demuestra que valoras su experiencia y que no buscas competir.
- “O estás conmigo o en mi camino. Decide cómo quieres avanzar.”
- “Trabajamos por los mismos objetivos. ¿Qué necesitas de mí para sentirte apoyado?”
- “Tu experiencia en [tema] es muy valiosa—¿cuál es tu opinión sobre esto?”
Preséntate como un aliado. Alinea tu trabajo con sus prioridades.
- “No se trata de ti. Es sobre lo que es mejor para el proyecto.”
- “Estamos alineados con la visión general—¿cómo combinamos nuestras fortalezas aquí?”
- “Estoy aquí para hacer el trabajo, no para pisarte los talones. Resolvámoslo juntos.”
5. El Bro

El Bro es ruidoso, confiado y siempre hablando de inversiones, golf o el gimnasio. No es la mayor amenaza: solo drena energía. Te interrumpirá (especialmente si eres mujer), ignorará tus opiniones y seguro no será quien tome apuntes. Este arquetipo está de regreso, con fundadores tecnológicos adoptando el “estilo magnate”. Piensa en Mark Cuban: rico, competitivo y convencido de que sabe más que tú. Mantén tu postura, exige respeto y no dejes que su actitud te descoloque.
"El Bro" en acción
Al principio, cuando trabajaba en la agencia, teníamos un cliente que pensaba que el sol salía y se ponía según su horario. Tenía un ego tan grande que esperaba que yo lo recibiera personalmente cada vez que llegaba—como si fuera su conserje o algo así. Constantemente amenazaba con llevarse su negocio si las cosas no salían exactamente como quería. Spoiler: no se trataba de buscar mejor trabajo, era pura pose. ¿Y cada reunión? Un maratón de escucharse a sí mismo mientras el equipo solo rogaba en silencio que terminara.
En aquel entonces, yo era tan inexperta que pensaba que esto era normal—parte de trabajar con clientes “importantes”. No me daba cuenta de que él jugaba ambos papeles: El Bro y El Amenazado, dominando la sala para sentirse poderoso mientras ocultaba su inseguridad sobre si realmente sabía lo que hacía. Lo dejé pasar en ese momento, pero ahora? Ni pensarlo.
¿La ironía? Su negocio cerró apenas unos meses después de dejar de trabajar con nosotros. Resulta que tener un gran ego y cero habilidades de colaboración es un camino rápido al fracaso. Hoy, detectaría a un stakeholder como él a kilómetros—y me iría en la dirección opuesta.
Cómo manejarles
Toma el control de la sala. Habla con autoridad y no dejes que te pasen por encima.
- “Oye, suelta el teléfono. Necesitamos tu aporte ahora.”
- “Parece que tienes mucho en mente—¿quieres que te haga un resumen rápido de en qué estamos?”
- “Oye [Nombre del Bro], ¿puedo conocer tu opinión sobre esto? Quiero asegurarme de que estamos alineados.”
Redirige su enfoque. Mantén las conversaciones en curso y refuerza las prioridades.
- “Esto es importante y necesito tu atención. ¿Podemos priorizar esto ahora?”
- “Enfoquémonos en este tema—tu aporte aquí es crucial para los siguientes pasos.”
- “Noté que nos estamos desviando del tema. Volvamos al punto principal.”
6. La Pesimista

La Aguafiestas es escéptica desde el primer día. ¿Su respuesta por defecto a cualquier nueva idea? “Ingeniería nunca aceptará esto.” Disfruta señalando fallas, destacando lo que no funcionará y recordando fracasos pasados. Aunque sus inquietudes no siempre son erróneas, su negatividad puede frenar el avance por completo. Piensa en Larry David: perspicaz, cínico y siempre listo para encontrar el defecto en el plan. Escúchale, reconoce los puntos válidos, pero no dejes que descarrile el impulso del equipo.
Cómo tratar con ellas
Reconoce sus preocupaciones. Hazle saber que la has escuchado sin permitir que detenga el progreso.
- “Ya hemos abordado este asunto. Sigamos adelante.”
- “Buenas noticias: ya hemos resuelto [el problema], así que es un obstáculo menos.”
- “Te escucho; esto podría ser un desafío. ¿Cuál es la mejor manera de enfrentarlo?”
Concéntrate en las soluciones. Cambia la conversación de los problemas a pasos accionables.
- “Vamos a pensar en pasos concretos para abordar tus preocupaciones.”
- “Entiendo tu punto de vista; ¿cómo podemos convertir esto en una oportunidad?”
- “¿Qué es lo único que podemos controlar aquí para seguir avanzando?”
7. El Defensor

El Defensor es el único tipo de stakeholder “bueno” en esta lista—pero el más difícil de encontrar y retener. Esta persona habla bien de ti cuando no estás, pelea por tu proyecto y te facilita la vida. Piensa en Dwayne “The Rock” Johnson: alguien que motiva a sus colegas, contagia energía al grupo y hace que todos a su alrededor brillen. Encuéntralo temprano, cultiva la relación y no lo dejes escapar. Perderlo puede ser tan frustrante como tratar con el resto.
Cómo tratar con ellos (y conservarlos)
Muestra gratitud. Reconoce sus aportes para que se mantenga involucrado.
- “Necesito que apoyes esto en la próxima reunión. ¿Puedo contar contigo?”
- “Me gustaría conocer tu perspectiva antes de presentarlo al grupo—¿qué opinas?”
- “Gracias por mencionar [mi sugerencia/nuestro trabajo] en esa reunión; realmente ayudó a avanzar las cosas.”
Manténlos informados. Dales actualizaciones para que sigan abogando por ti.
- “Aquí tienes una actualización; pensé que te gustaría saberlo ya que has sido un gran apoyo.”
- “Estamos planeando [iniciativa], y tu opinión sería invaluable. ¿Podemos hablar al respecto?”
- “Quería informarte que alcanzamos el hito antes de tiempo—gracias por ayudar a que eso sucediera.”
Gestión de Stakeholders 101
Probablemente existen una docena de otros arquetipos de stakeholders con los que te encontrarás en un proyecto. Pero tu objetivo con cada uno debería ser el mismo: convertirlos en defensores.
A continuación, algunas acciones proactivas que puedes empezar a implementar hoy para ayudarte en ese objetivo (y para asegurarte de tener el respaldo necesario cuando llegue el momento de tratar con stakeholders difíciles). Puede que te hagan poner los ojos en blanco porque son obvias para el rol de un DPM, pero vamos a repasarlas igualmente:
- Sé amable. Una investigación publicada en PLOS One encontró que los actos de bondad y los comportamientos prosociales aumentan significativamente la aceptación entre pares. En otras palabras, cuanto más te involucres genuinamente y apoyes a los demás, más probable será que ellos te apoyen a ti.
- Sé auténtico. ¿Cuántas veces te han dicho que “simplemente seas tú mismo”? Bueno, resulta que todo en realidad se resume en eso. Cuando se trata de involucrar a los stakeholders, trabaja para construir conexiones auténticas, encuentra puntos en común y demuestra buena voluntad de forma consistente. Al hacerlo, no solo fomentarás relaciones más fuertes, sino que también crearás una red de partes interesadas más propensas a defender tu causa.
- Cuida de ti mismo. Antes de poder gestionar a otra persona, tienes que gestionarte a ti. Si estás agotado, hasta los problemas pequeños parecerán enormes. Para mantener tu energía, recuerda pausar antes de responder a situaciones difíciles. Reprograma reuniones si no estás en el estado mental adecuado (te doy permiso). Y prioriza el autocuidado básico: dormir, hacer ejercicio y pasar tiempo con tus seres queridos.
- Construye alianzas. Esto no se trata de adulación, sino de construir confianza. Aprende qué motiva a tus partes interesadas, qué les asusta y cómo puedes alinear tus objetivos. Acabo de escuchar un pódcast sobre este tema que tienes que escuchar.
- Deja un rastro de documentos. Documenta todo. Las notas de reuniones, decisiones y tareas a realizar no son simple papeleo: son tu red de seguridad cuando la memoria falla o surge un conflicto. A nadie le importa esto hasta que lo piden, y estar preparado te dará ventaja.
- Celebra los logros. Actúa como si intentaras lograr el ascenso de tu stakeholder. Ya sea con un reconocimiento en Slack o con una gran fiesta, celebra los hitos y los éxitos. Esto genera buena voluntad y mantiene la moral alta.
3 pasos para escalar problemas a la dirección
Ahora bien, la mayoría de las veces, los desafíos relacionados con los stakeholders no se van a resolver mágicamente solo por ser amable. A veces, tendrás que escalar los problemas que estás experimentando a alguien de mayor jerarquía en la organización.
Así que lo primero es lo primero: respira hondo. Ahora repite conmigo: “Escalar problemas es ALGO BUENO. No significa que sea malo gestionando proyectos. No significa que haya fracasado.”
Lo sé, lo sé: escalar puede resultar incómodo siendo DPM. Puede hacer que te cuestiones a ti mismo: “Si simplemente hubiera hecho X, Y o Z, quizá esto no sería un riesgo y no tendría que escalarlo”. Y de repente, sudas en frío porque todas las miradas están puestas en ti y todos buscan a quién culpar. Me ha pasado. Pero créeme: hay una manera correcta de gestionarlo.
Paso 1: Haz seguimiento de tus riesgos (antes de que ellos te sigan a ti)
Antes siquiera de plantearte escalar un problema, asegúrate de que estás realizando un seguimiento activo de los riesgos; porque las sorpresas solo son divertidas en las fiestas de cumpleaños. [Aunque, como apunte, aún no he vivido una “buena” sorpresa en mi vida.]
Como mínimo, deberías estar recogiendo los riesgos en tus informes semanales de estado para que la dirección no se pille desprevenida si un problema escala. Si quieres ir más allá (o simplemente ser muy sofisticado), mantén un registro RAID (Riesgos, Suposiciones, Incidencias, Dependencias) para hacer un seguimiento sistemático de los posibles problemas y sus planes de mitigación.
Esto es importante: la mala conducta de los stakeholders puede ser un riesgo y debes documentarlo cuidadosamente.
Paso 2: Identifica qué debe escalarse
No todo problema con un stakeholder necesita ser escalado. Y, en el mejor de los casos, te anticipas a los posibles conflictos antes de que necesiten ser escalados. (La Lista y diagrama de flujo de resolución de conflictos de DPM puede ser útil para navegar esto de forma fluida).
Pero habrá casos en los que ni todo el esfuerzo en resolver el conflicto te ayudará. Aquí tienes algunos desencadenantes frecuentes de una escalada que podrías encontrarte:
- No se puede resolver a nivel de proyecto debido a limitaciones de autoridad o recursos.
- Amenaza el alcance, cronograma, presupuesto o calidad.
- Supera los límites de tolerancia al riesgo.
- Involucra conflictos interfuncionales que requieren alineación a nivel directivo.
- Falta de compromiso de los stakeholders o la resistencia está bloqueando el progreso.
- Plantea riesgos de cumplimiento, regulatorios o éticos.
- Persiste a pesar de múltiples intentos de resolución.
Si tu problema entra en una de estas categorías, es momento de ponerlo en una matriz de escalación. Sí, otra tabla—porque la toma de decisiones basada en datos es tu mejor aliada.
Paso 3: Usa una Matriz de Escalación
La gestión de riesgos trata de prevenir problemas. Los marcos de escalación te ayudan a resolver los problemas que ya han ocurrido. Piensa en ello como un plan estructurado para cubrirte las espaldas.
A continuación, se muestra una matriz de ejemplo que describe cuatro niveles típicos de escalación desde la perspectiva de una agencia—e involucra estimación de participación de stakeholders, tipos de problemas y más. Son solo ejemplos—personalízalos para que se ajusten a tu PMO y a cómo realmente se manejan las cosas en tu entorno. (Desplázate a la derecha para ver todos los pasos involucrados).
| Nivel de Escalación | Criterios | Participación de Stakeholders | Punto de Escalación | Tiempo de Respuesta | Descripción del Problema | Impacto del Problema | Acciones Realizadas | Próximos Pasos Recomendados |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Nivel 1: Equipo del Proyecto | Bloqueadores menores | Los equipos internos lo manejan internamente antes de involucrar al cliente. | Líderes de equipo | 24 horas | Un error menor que afecta una funcionalidad no crítica en producción. | Impacto mínimo; la funcionalidad no es esencial para las operaciones del negocio. | El equipo investigó el problema e intentó una solución rápida, pero necesita aprobación. | Aprobar la solución rápida y programar una solución definitiva en el próximo sprint. |
| Nivel 2: Tu Gerente | Conflictos entre equipos | Los equipos del cliente pueden ser involucrados para realinear expectativas. | Director Creativo / Líder de Estrategia | 48 horas | Un equipo está bloqueado debido a desalineación de requisitos entre departamentos. | Retrasos en la línea de tiempo del proyecto por falta de claridad en la asignación de responsabilidades y mala comunicación. | Se realizaron múltiples reuniones con stakeholders, pero no se llegó a una resolución. | Escalar con la dirección para alinear prioridades y asignar responsabilidades. |
| Nivel 3: Patrocinador del Proyecto/Patrocinador Ejecutivo | Riesgos importantes de presupuesto/cronograma | Conversaciones ejecutivas, posible renegociación de contrato. | Socio de la Agencia / Dirección del Cliente | 48 horas | Un hito del proyecto está en riesgo por falta de presupuesto. | Potenciales sobrecostes y retrasos que afectan la entrega general del proyecto. | Se revisaron las asignaciones presupuestarias e intentó una redistribución interna de costos. | Solicitar aprobación de presupuesto adicional al patrocinador del proyecto. |
| Nivel 4: TODO EL LIDERAZGO EJECUTIVO DISPONIBLE | Riesgos estratégicos, problemas de cumplimiento | Equipos legales y financieros colaboran con los equipos legales y de compras del cliente. | CEO / Legal / Finanzas | Inmediato | Se descubre una vulnerabilidad crítica de seguridad que afecta el cumplimiento regulatorio. | Riesgo de incumplimiento con regulaciones de la industria, posibles multas. | El equipo de seguridad identificó el problema y propuso estrategias de mitigación. | Implementar parches de seguridad de emergencia y notificar a las autoridades regulatorias. |
Pero aquí va lo importante—las escalaciones no son algo de una sola vez. Hay que hacer seguimiento, darles cierre y documentar todo. Mantén tu matriz de escalación como un documento activo junto a tu proyecto (o cuenta general) para que nada se pierda.
Así es como puedes gestionarlo de forma eficaz:
- Asigna a un responsable para hacer seguimiento al progreso de la escalación. (Probablemente seas tú…)
- Documenta las decisiones de liderazgo y los próximos pasos. (¡Por escrito! ¡Siempre por escrito!)
- Comunica la resolución a todos los stakeholders afectados. (Por escrito. Y sí, guarda ese documento para referencia futura).
- Recoge los aprendizajes obtenidos para una mejora continua. (Esto podría ser una retrospectiva a nivel de cuenta o algo similar).
Cosas para Recordar
La gestión de stakeholders no es para cualquiera. Es desordenada, agotadora, y a veces se siente como tratar de pastorear ardillas con cafeína. Pero con las estrategias adecuadas, puedes convertir incluso las situaciones más difíciles en triunfos.
Al final del día, el éxito se resume en tres cosas:
- Entender con quién estás tratando (y ajustar tu enfoque en consecuencia)
- Construir confianza y alianzas (incluso si algunas de esas alianzas son meramente tácticas)
- Cubrirte las espaldas (porque la documentación y los marcos de escalación son tus mejores aliados)
Y quizá, solo quizá, encontrar a ese stakeholder bueno que hace que todo valga la pena.
Así que toma todo lo aprendido aquí, ponlo en práctica y sigue refinando tu enfoque. No solo gestionas stakeholders: ¡estás orquestando toda la maldita sinfonía!
